jueves, 3 de enero de 2013

Y me saqué la licencia



Definitivamente una labor fundamental para el registro histórico de Venezuela es que cada ciudadano cuente su experiencia con la burocracia de nuestros gobernantes, entiéndase desde  la juntas de condominio hasta el INTT pasando por alcaldías y consejos comunales.
Por eso hoy me siento obligado a contar mi experiencia de renovar la licencia de conducir entre finales de 2012 e inicios de 2013, a fin de que cuando dentro de decenas de años un historiador decida hablar de la historia menuda del país encuentre este relato, que no habla ni de Chávez y su enfermedad, ni del PSUV ni de la MUD.
En estos tiempos cualquier papeleo, cédula, pasaporte, licencia, pasa por solicitar una cita por internet.  Imagino que eso nos hace grandes y modernos.  Pero el 28 de diciembre la página del INTT estaba "caída", condición que bloqueaba mi necesidad de renovar  la licencia de conducir. Así con decisión y justificado me fui para  la sede de la California donde casi me atienden pero estaba en short, una mala costumbre de quien vive en un país tropical y no teme mostrar sus piernas flacas, prenda que usada por hombres es un argumento para prohibirle el acceso a un organismo público.
“Tranquilo”, pensé, “regreso el 2 de enero con pantalones y ya”. Suposición errada. El que me atiende, sin darme feliz año me dice que se necesita una cita. "Pero la página esta caída y el viernes me dijeron que se podía" argumenté perdiendo el tiempo. "Aquí es sólo para funcionarios públicos y tercera edad, váyase a La Urbina"
Y me fui a la Urbina para tener la licencia. Llegar fue complicado, y entendiendo mi argumento me dieron como respuesta  “ llame al 08000INTT00 y pida la cita”.  Les juro que allí había  5 personas haciendo trámites, y que me podían atender, pero “hay que pedir la cita”.
Y llamé al cero ocho mil y nadie me responde.  Intento de nuevo la página y nada.  Astuto y usuario de las redes sociales mando un  SOS en tweeter y un desconocido me da un enlace especial al portal del INTT y logro la cita para el día siguiente, el 3.
En la página dice qué  y cuanto hay que pagar. Y dice “se necesitan 2 fotos fondo blanco tipo carnet”.
El tercer día del 2013 me baño,  me afeito, me tomo un café y me como un par de bollitos. Salgo a buscar donde tomarme las fotos.  Todo cerrado. Voy al banco y zanqueo la ciudad hasta que consigo un Rapifot.
Tengo todo. Ya estoy cerca de la hora de la cita. El lugar estaba tan vacio como el día anterior. Lleno una planilla. Entrego todo. Me devuelven las fotos, que tanto me costaron sacarlas, y el certificado médico.
Me toman ellos la foto y dos minutos y medio después me dan la licencia. Listo. Se acabó.
¿De qué te quejas si sacaste la licencia? Sí, luego de dos días de uso de tecnología para un proceso que dura 5 minutos.  Es lo mismo que CADIVI: una plataforma perfecta creada para algo que no debería existir.
Pero para los historiadores del 2062 debo un dato adicional:  todo esto empieza con la obligación de obtener un Certificado Médico que expide el  Colegio de Médicos de cada estado del país, y que para obtenerlo el requisito práctico es ir a un centro comercial y pagar 120 Bs, cada dos años.
Esto será historia.  Lo demás es paja.

Alejandro Luy
3 enero 2013