
El que me conoce sabe que no tiene por qué dudar de mis palabras.
Hasta ayer yo era optimista y esa actitud la reflejaba en todos mis escritos y disertaciones públicas o privadas, especialmente en los ensayos, foros y discusiones en la materia de Ecosistemas de la Maestría de Gerencia Ambiental.
Con base a toda la historia de vida del hombre en la tierra, incluyendo sus triunfos y fracasos, no tenía duda de su amplia capacidad para lograr la sobrevivencia en los entornos más hostiles, a partir de las acertadas lecturas de los problemas y las más atinadas respuestas ante esas circunstancias.
Yo, que no tengo a la tecnología como un "ídolo" o fetiche, no puedo dejar de reconocer que los procesos tecnológicos le han permitido a la humanidad mejorar su calidad de vida, alargándola y venciendo a las peores enfermedades, aumentar la producción de alimentos, e incluso tener más tiempo ocioso.
Por eso, y por gente como Muhammad Yunus, o Al Gore, o los miembros del Panel Intergubernamental, y hasta activistas como Greenpeace, yo era optimista.
Hasta ayer yo pensaba en positivo.
Pero después de que esperé 90 minutos, es decir casi el 20% de un día de trabajo, para que en el Banco, uno de esos universales, con una fabulosa imagen corporativa, me dieran una chequera, mi ánimo se vino al suelo.
Ahora nadie me saca de la idea de que este mundo se jodió.
Alejandro Luy
5 de mayo de 2010