viernes, 30 de diciembre de 2011

Historia (incompleta) de una pelota de béisbol


He sacado cuenta y en mi memoria tengo presente unas 9 mudanzas que me han rotado entre Vargas, Caracas, Miranda y Carabobo. Si hay algo común en las mudanzas, además del stress, es que las cosas suelen perderse o romperse.
Por eso yo estoy sorprendido de que en tanto tiempo aun me acompañe, y ahora esté frente a mis ojos, una pelota de baseball Wilson que ha sobrevivido a, por lo menos, 7 mudanzas. Sobre el nombre se lee el 74 y bajo él (aparentemente) A1810. Dice también que es “Official Approved Major League Specifications”, Made in Usa.
Tiene varios asuntos curiosos ésta pelota. En primer lugar no recuerdo el momento o el lugar donde la obtuve. No sé si estuve en el estadio junto con mi padre, o mi padre fue solo en esa oportunidad, o si algún tercero me la regaló. Aun cuando soy fanático del beisbol no he ido a muchos partidos, ni cuando pequeño ni cuando grande. Sin embargo, no olvido que una noche fui con mi papá al estadio a ver a jugar a los Leones del Caracas y él me compró un casco de plástico negro con una “C” en el frente.
La segunda cosa es que la esférica está firmada por 16 jugadores, muchos de ellos ilegibles o legibles parcialmente. Más que una curiosidad resulta una lástima no poder tener todos los nombres. De los que he podido identificar, y aquí el tercer asunto notorio, la mayoría son dominicanos. Por este último dato mi primera conclusión es que la pelota fue autografiada durante una Serie del Caribe, la del 70 o la del 73, ambas celebradas en Caracas y que tuvo como representantes de República Domincana a Los Tigres de Licey. Al no tener la certeza de este dato, ni saber dónde buscar la información exacta (por ahora) este es el primer elemento que utilizo para calificar a ésta historia de “inconclusa”.
¿Cuáles son los nombres que pueden leerse en la pelota? ¿Quiénes eran esos tipos? A continuación los que pueden descifrarse:
La trilogía de los hermanos dominicanos Rojas Alou: Felipe, Jesús y Mateo. En la pelota Felipe y Jesús sólo colocan “Alou” pero Mateo utiliza los dos apellidos “Rojas Alou”. En la lista de jugadores y managers de los Tigres de Licey de Wikipedia (http://es.wikipedia.org/wiki/Tigres_del_Licey) se puede verificar que ni Felipe ni Mateo jugaron para este equipo, pero sí lo hizo Jesús, quien también jugó para Caracas en la 62-63. Mateo jugó para el Pampero (61-62) y para el Caracas (62-63) (http://www.lvbp.com/LVBP_2012/imagenes/img_si/LVBP_Bateadores_CD.pdf). Sin embargo, los tres hermanos jugaron para Leones del Escogido, así que la lógica indica que al menos dos de ellos vinieron reforzando al Licey.
Chichí Olivo: Federíco Emilio “Chi-chí” Olivo es un dominicano que jugó para los Tigres de Licey y en la temporada 1961-1962 jugó para el Oriente en Venezuela.
Dagoberto “Bert” Campaneris: Nació en Cuba en 1942. No aparece en la lista de Los Tigres de Licey de Wikipedia, ni en las de Leones del Escogido, Águilas del Cibao o las Estrellas Orientales. Pero en Venezuela jugó con dos equipos en 4 temporadas. Con Lara en la 68-69 y en la 82-83; mientras que con Caracas en la 65-66 y en la 72-73. Ésta última es justamente una de las dos temporadas que tenemos como posibles fechas para la firma de la pelota. Bien podría haberse colado Campaneris, jugando para Venezuela, en la firma de autógrafos entre los jugadores de Licey.
Juan Marichal: Uno de los más famosos lanzadores dominicanos que pertenece al Salón de la Fama del beisbol de los Estados Unidos de América. Marichal jugó en su carrera en la República Dominicana para Los Leones del Escogido y estaba activo en los años en que ubicamos la firma de la pelota, y suponemos que fue refuerzo del Licey.
Marcelino López: No aparecen referencias de este jugador en las listas de Tigres de Licey, Leones del Escogido, Águilas del Cibao o las Estrellas Orientales.
Con algunas dudas se leen Larry (¿?) Miecci (¿?) y Rolando (¿?) Rivas, pero no se encontró ninguna referencia de esos nombres en http://www.baseball-reference.com, las listas de jugadores de Tigres de Licey, Águilas del Cibao, Estrellas Orientales o Leones del Escogido, o el registro de bateadores de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional.
Cierran dos nombre ilegibles, uno con apellido González y otro Fuentes. Otros 5 nombres son indescifrables.
La conclusión, con datos pendientes para corroborar, es que la pelota fue firmada durante la Serie del Caribe realizada en Caracas en 1973, en la cual los Tigres de Licey fueron campeones con record de 5 ganados y 1 perdido, cuando fueron dirigidos por Tom Lasorda (según http://www.beisbolvenezolano.net/2009/03/historial-campeones-de-las-series-del-caribe).
¿Continuará? Sólo si alguien con más información o experiencia nos guía o aporta guiarnos en la búsqueda de más datos que nos permitan llegar a una conclusión indiscutible.

Alejandro Luy
Diciembre 30, 2011

Fotos de la pelota
La superior es del sector donde está la de Chicí Olivo y Juan Marichal

Bajo este texto

La firma de Campaneris y Jesús Alou


La firma de Felipe Alou y Marcelino López

domingo, 18 de diciembre de 2011

Agua, jabón y ghetto


Vivo desde hace dos alcaldes en el Municipio Libertador del Distrito Capital, lo cual es parte pero no toda Caracas. He vivido los buhoneros con licencia para operar de parte de Bernal y también el ser y no ser de Jorge Rodríguez sobre el problema del “comercio informal” (¿o será el comercio ilegal?). Y digo que ser o no ser porque cuando ha convenido (¿al igual que Bernal?) voltea la mirada, tal como lo hace en estos momentos, para que la gente venda en todas las calles del municipio. Si no puedes resolver el problema, ignóralo es su consigna.
Esperanzado en que un nuevo alcalde, que deberá venir de la oposición, pueda cambiar algo, he estado viendo las ofertas de algunos de los precandidatos y pensando lo que yo – como ciudadano y votante – deseo de ese funcionario para ésta parte del país, donde se asientan todos los poderes públicos y parece que todos los males.
De los que están para batirse en duelo el próximo 12 de febrero a quien más he escuchado es a Antonio Ecarri, cuya bandera es la educación, tanto así que sus pancartas y calcomanías son un lápiz. Adicionalmente ha dicho que garantizará la seguridad de los caraqueños.
Justamente esas dos ofertas de este pre-candidato son las que garantizarán que yo – por ahora - no vote por él. ¿Por qué? Porque para mí el alcalde es un conserje y ellos no están, no pueden, carecen de la infraestructura y los recursos para lograr una educación de calidad que cambie significativamente en cuatro años a los carqueños. Está bien que quiera insertar “educación ciudadana”, ciertas normas de conducta, pero para mí eso es una herramienta pero no es el fin en sí mismo. También es mentira que pueda hacer mucho por la seguridad. Puede fomentar canchas, torneos, bibliotecas, espacios iluminados y vigilados, pero si “al pata e´loro” no lo agarran y lo juzgan el tipo seguirá jodiendo el parque.
Pero como no se trata de una animadversión contra Ecarrí rescato una oferta por la cual consideraría apoyarlo. Palabras más palabras menos, el pre-candidato ha dicho que Caracas lo que necesita es una buena lavada con agua y jabón. Ésta afirmación demuestra que el señor conoce o ha pateado la ciudad.
“Mi primera acción de gobierno será la limpieza de calles, plazas y avenidas con agua y jabón” puede ser el disparador para que yo acuda a votar por el candidato que públicamente la espete reiteradamente hasta que me convenza de que el está convencido de que por allí se empieza. Ya Ecarrí lo dijo una vez, para mí no es suficiente, aunque va por buen camino.
De manera complementaría podría decir voy a recuperar las plazas, iluminarlas y colocar vigilancia, y que va a declarar “áreas liberadas de buhoneros” (fíjense que no le pido que me ofrezcan que van a acabar con ellos, porque nadie lo va a hacer). Es decir, estoy dispuesto a votar por el candidato que mínimo me garantice un ghetto bonito y seguro dentro del caos de la ciudad.
Así que Blanco, García, Ecarrí, González, Melo y Miquelena, mis oídos esperan sus primeras palabras de política pública municipal: agua, jabón y ghetto, venceremos.

Alejandro Luy
18 de diciembre de 2011

domingo, 27 de noviembre de 2011

Que vengan muchos y más a menudo


Bueno si, porque hay que negarlo si es evidente. Ya que vienen los mandatarios de todo el continente a la Cumbre del de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) el gobierno ha empezado a limpiar, arreglar y adornar las calles y demás espacios públicos.
Claro, la gente señala – y con razón - que las mejoras son solo en las vías por donde han de pasar los visitantes y se tratan de pañitos calientes, de puro maquillaje, como tantas veces ha ocurrido cada vez que uno o varios presidentes y gobernantes de otros países tocan en esta tierra de gracia. Están, como dice la vieja expresión, “barriendo por donde pasa la reina”.
Por supuesto la gente lo que sugiere es la necesidad de un programa de mantenimiento rutinario, y así, cuando vengan los importantes visitantes internacionales, lo único que tendrían que hacer es poner las banderitas. Pero yo creo que eso es mucho pedir, y como soy pragmático prefiero alabar esta acción puntual y dar unas sugerencias para que todos nos veamos beneficiados.
Fundamentalmente creo que debemos invitar mensualmente a uno o varios presidentes, primeros ministros, reyes, reinas, príncipes o princesas, para que en cada oportunidad le den la limpiadita a la parte de la ciudad por donde pasarán. Mientras más gente venga, más mantenido estará el país.
Para cada visita, las autoridades podrían hacer una encuesta con la finalidad de que los ciudadanos indiquen cuáles parroquias, monumentos, plazas, calles o avenidas deben ser acondicionadas. Por ejemplo, yo podría pedir que durante la reunión de CELAC, Cristina Fernández se pasee por La Candelaria, para que visite la Plaza y entre a la Iglesia a colocarle una velita al Dr. José Gregorio Hernández, importante en estos tiempos tanto en lo político como en lo espiritual. Así seguro que limpiarán la Plaza, sacarán a los buhoneros de la zona y quitarán el mugre de las aceras, cosa que no se hace – quizás – desde la primera visita de Juan Pablo II. Por unos días quienes allí viven y trabajan serán felices.
Pero no se trata solo del mantenimiento de la ciudad ya que mi propuesta puede tener beneficios en otros aspectos de nuestra vida diaria. En esto un factor importante es la escogencia de los hoteles donde pasarán las noches. Las autoridades deben considerar alojar a los distinguidos convidados en la más amplia variedad de hoteles, ubicados en toda la ciudad o estado. Dado que cada uno requerirá la más alta protección policial, acto seguido la zona donde se aloje presentará un incremento en la seguridad, y la gente podrá salir, al menos una noche, a caminar sin sentirse amenazado.
Si todo esto llegara a implementarse, los ciudadanos comunes le daremos más valor al trabajo de la Cancillería. Buena parte de nuestra esperanza y felicidad estaría unida a frases como “el Gobierno Nacional hizo una invitación al Presidente de la República X para que visite el país” o “en Marzo se celebrará en Maracay la Cumbre de los países que organizan Cumbres y no quieren pasársela de Cumbre en Cumbre”. Música para nuestros oídos.
Invito a todos a apoyarme y dejar de quejarse porque generosamente el gobierno limpia nuestros espacios públicos cuando alguien viene a casa. ¿Acaso no es lo que hace Usted en la suya?

Alejandro Luy
27 de noviembre de 2011

martes, 22 de noviembre de 2011

Kico Bautista: es el imprinting


I
Un pato se comporta como un pato, entre otras cosas, porque cuando sale del huevo está su mamá pata, a la cual el va a seguir e imitar, por puro instinto. Eso, al ser descubierto por etólogo Konrad Lorenz, fue llamado “imprinting”.
En el año 2000, con motivo de la mayoría oficialista en la Asamblea Nacional, yo introduje el concepto de “imprinting político” para explicar el comportamiento de estos hacia los diputados de los partidos que eran minoría (que puede leer aquí).
II
Una vez que Kico Bautista manifestó su discrepancia a la acción de Diego Arria contra el Presidente Chávez en la Haya, se encontró en el TT del twitter por la andanada de agresiones, descalificaciones, insultos que le propinó una buena parte de los twitteros venezolanos, identificados – furibundamente – con la oposición. Era obvia la molestia de Kico porque las palabras que le enviaron surgían de los intestinos, no de la razón.
Kico, así como en el 2000 descubrí el porqué de la conducta de los nuevos diputados, creo que en esta ocasión he hecho lo propio al darme cuenta de que esta reacción en la red social no es otra cosa que un nuevo tipo de imprinting.
Hay que entender que después de 13 años de pura polémica y casi nada de discusión argumentativa, de 13 años de programas de televisión dedicados a menospreciar al que no piense como yo, de 13 años de (des)calificativos y epítetos de lado y lado, la gente está formada para atacar tus ideas desde la tapa de la barriga, desde los intestinos y no desde el cerebro, nos puedes esperar algo políticamente elaborado. ¿Qué puedes esperar de los twiteros de un país donde la gente hizo guardia en sus edificios para evitar que las hordas vinieran a invadir y el canal del estado transmite grabaciones obtenidas de manera ilegal? Después de 13 años no puedes esperar que nuestros twiteros sean Mandela.
El imprinting no es justificable, sólo entendible. Por eso un pato es un pato.


Alejandro Luy
22 de noviembre de 2011

Imprinting político


I

El término no tiene traducción precisa al español y fue acuñado en 1937 por el etólogo Konrad Lorenz en su artículo "The companion in the bird´s world" publicado en la revista Auk. Este investigador se encargó de incubar huevos de gansos, asegurándose de que la figura que vieran los polluelos en sus primeros momentos de vida fuera su humanidad. Inmediatamente los gansitos le seguían y asumían a Lorenz como su madre. A esta forma de aprendizaje que sólo puede ocurrir en un breve "período sensible" posterior al nacimiento y que además tiene un carácter irreversible se le llamó imprinting.

Sucesivas investigaciones demostraron que el imprinting está presente es otras especies de aves como patos, faisanes y pollos, pero también en insectos y mamíferos. Posteriormente, este comportamiento descubierto por Lorenz fue denominado imprinting "filial", en contraste con el imprinting sexual descrito en años posteriores y el imprinting político que hoy yo, biólogo de profesión, me dispongo a acuñar.

II

La mayoría de los diputados de la Asamblea Nacional son -política y etariamente hablando- señoras y señores jóvenes. Cuando salieron de su cascarón y levantaron sus cabezas consiguieron ante ellos a quienes se convertirían sus referencias, guías de pensamientos y desempeño. Modelos a seguir. Padres políticos, y no precisamente porque fueran el progenitor del cónyuge.

Encontraron a un partido Acción Democrática que fue mayoría aplastante durante los últimos 40 años de la IV República, y a un Copei que les acompañó en el levantamiento de manos cuando era conveniente (para ellos, se entiende). Poco le importaban las opiniones y quejas de los partidos minoritarios que se sucedieron en el Congreso desde 1959 hasta 1993: Partido Comunista, URD, MAS, MEP, MIR, Causa R y Patria Para Todos, entre otros.

Por eso, así como los gansos seguían a Lorenz, los asambleístas del bloque oficialista caminan tras las bases y actitudes que una vez enarbolaron los llamados partidos tradicionales.

Mis estudios de etología política me han llevado a la firme convicción de que no es "mala gana" la burla de estos diputados ante el disenso de algunos grupos de la sociedad civil o el menosprecio hacia los comentarios de la gente del Movimiento Primero Justicia. Sólo se trata de instinto básico. Imprinting político. Aprendizaje que no se puede revertir.

Lo anterior aclara la utilización del método de la aplanadora para imponer sus criterios y abortar cualquier amago de discusión. De allí que entiendan la Constitución de la manera que les resulta más útil. ¿Cuál otro motivo podría tener la bancada oficial con mayoría en el parlamento para hablar de democracia participativa y al mismo tiempo conformar una comisión de 15 diputados (más seis no diputados) para postular -imponer puede ser sinónimo en estos tiempos- al fiscal, contralor, defensor del pueblo y los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia? Sólo el imprinting lo puede explicar.

Gracias a este comportamiento natural, sería comprensible que uno de estos días, ante un hecho significativo que amenace con cambiar la vida del país, algún asambleísta de la mayoría oficialista pida la palabra y clame en el hemiciclo: "muerte a los... enemigos de la revolución".

Alejandro Luy

Publicado en el diario El Nacional, Noviembre 2000
Ilustración: Rogelio Chovet

domingo, 30 de octubre de 2011

Un perro con tres bolas


En estadística lo “normal” es aquel valor que más se repite. En el Diccionario de la Real Academia Española, una de las acepciones es “que se haya en su estado natural”. En otras palabras, y combinando ambas definiciones, normal es aquello que más vemos y no nos sorprende. Normal es que un perro tenga dos bolas.
Igualmente, para describir un país, tendríamos que utilizar aquellas características objetivas que lo representen a él, los habitantes y sus conductas, y así conformar lo “normal”, su “estado natural”. Esto es particularmente útil para que los visitantes o inmigrantes no sufran un “shock cultural”.
El otro día me comentaba un colombiano que un venezolano se había mudado desde Puerto La Cruz a Bogotá y encontraba todo más caro. Y tiene razón: lo normal en Bogotá es que usted pague mucho por los servicios de agua y luz, y que la gasolina sea un lujo, vainas que en Venezuela son – y usted sabe que no exagero – regaladas.
Como tengo varios amigos fuera del país, coterráneos y extranjeros, que están planteando su venida en los próximos meses yo he decidido tratar de escenificar la normalidad en nuestro territorio para que llegado el momento no sientan que están viendo un perro con tres bolas.
Enumero los signos de nuestra normalidad:
1. En este país se vive con inflación. Venezuela tiene una inflación de al menos dos dígitos desde los 80. Sólo en los últimos once años, la más baja ha sido de 14%. Por tanto, que los productos y servicios aumenten mes a mes es lo más natural. Aquí no somos como en la mayoría de los países de América donde la inflación es menor al 5%. Sépalo y no se sorprenda.
2. En este país no es fácil comprar monedas extranjeras. Desde 2003, hace 8 años pues, existe algo llamado CADIVI, quien decide cuándo, cómo y cuánto usted puede comprar de dólares o euros para viajar o gastar. Olvídese de ese país donde uno dice “como el viernes me voy de viaje a Miami, mañana martes voy a pasar por el banco a comprar unos dólares”. Eso es un perro con tres bolas. Lo normal son unas carpetas correctamente foliadas, varias horas en un banco, con al menos 15 días de anticipación al viaje, con un boleto sellado por la agencia de turismo o la aerolínea, para que CADIVI te autorice 300 dólares en efectivo y 300 en el uso de la tarjeta de crédito si vas para Bogotá, ya sea un día o dos semanas.
3. En este país se compra lo que hay. Siento que debo ser muy preciso en la explicación de este punto. En este país decir “voy al supermercado a comprar leche, café, azúcar, arroz y aceite porque los necesito” no es normal; eso no se hace aquí. Lo normal es decir “voy a ver si consigo café o leche o aceite o azúcar o arroz” sin indicar en dónde lo espera conseguir ni mostrar una predilección por alguno de ellos. En Venezuela usted puede necesitar café, pero si lo que consigue es leche que están vendiendo un camión frente a Parque Carabobo, la compra.
4. En este país tenemos emociones en sitios insospechados. Vinculado a lo anterior, cada vez que por suerte nuestra necesidad de un producto coincide con su disponibilidad en el sitio adonde hemos ido a comprar, se suscita una felicidad única, la cuál es comunicada inmediatamente a la familia y a los amigos, y se torna en tema de conversación: ¡conseguí mazeite! ¡conseguí leche! ¡conseguí pañales! ¡conseguí stilnox! Conseguí es sinónimo de felicidad, quizás por ello somos uno de los países más felices del planeta.
5. En este país se bebe mucho alcohol, especialmente whiskey escocés. Usted no debe temer una respuesta negativa o miedo de ofender a algún venezolano si le dice “vamos a echarnos unos traguitos”. Venezuela es el mayor consumidor per capita de whiskey en Latinoamérica y está entre los 5 mayores del mundo. También bebemos bastante cerveza.
6. En este país ir al banco es un asunto que toma tiempo. Yo se que los bancos en el mundo son de los peores servicios que existen, pero la dedicación en Venezuela en términos de hora/hombre tiene un grado superlativo. Aun muchos venezolanos, inconscientes de esta normalidad, dicen “voy un momento al banco”. Se ha demostrado que estos seres tienen un daño cerebral que les impide manejar coherentemente los lapsos de tiempo. Es como la gente que no siente dolor o que no puede oler de la cual uno se entera viendo Discovery Channel o NatGeo.
7. Y por último, en este país la silicona está sembrada en la patria. Un asunto normal es que usted vea mujeres con las tetas operadas cada día. No importa si es una camionetica, en el metro, en la farmacia o caminando en el Sambil. Puede ser en Mérida, Caracas, Maracaibo, Tucupita, Margarita (obvio) o San Fernando de Atabapo. Las siliconas probablemente es la normalidad que más agrade al visitante masculino.

Creo que es preciso aclarar que en este artículo no estamos abogando por esta “normalidad”, pero “esto es lo que hay” (Amigos Invisibles dixit) desde hace años o décadas. Por tanto no hay que sorprenderse.
Ahora, si me preguntan, yo creo que es tiempo de cambiar. Al menos sobre los seis primeros puntos estaría satisfecho si Venezuela pasara a ser un perro con tres bolas.



Alejandro Luy
30 de octubre de 2011

viernes, 21 de octubre de 2011

Sobrevaluados


En el momento que emprendí a escribir este artículo temía por la reacción chauvinista de aquellos que, a cuenta de defender a la patria, son incapaces de ver la realidad que nos describe. Pero luego, y ahora me toca comprobarlo, creo que por el contrario los comentarios a este artículo darán mi razón a mis palabras: brindando servicios, los venezolanos estamos sobrevaluados, en otras palabras tenemos un desempeño mediocre pero creemos que estamos entre lo mejor del mundo.
A partir de innumerables pruebas vividas por mi o por terceros en el territorio venezolano, con empresas públicas y privadas, en hoteles de cinco estrellas o vendedores de empanadas, pasando por maître de un restaurant, en un call center o en el terminal de una línea de autobuses, así como por comparación con otros países es muy poco esperanzador obtener una respuesta satisfactoria, amable, adecuada en tiempo y alcance, de cualquier venezolano del cual requiramos una asistencia, no por dádiva, sino porque es la retribución al ser ciudadanos o clientes.
En el hotel 5 estrellas ubicado en el sector de El Rosal en Caracas, que pertenece a una cadena presente en más de 73 países, usted no deja los paquetes para un huésped en el mostrador de la recepción, sino que debe salir a la calle y tomar un acceso hacia los sótanos del hotel, donde un guardia recibirá la encomienda. En otro hotel tan estrellado como el anterior, un amigo colombiano pidió una café con leche y la camarera le respondió “será café negro porque leche no hay”.
La chica que atiende la taquilla de pago del servicio eléctrico en el centro de Caracas, podría responder los buenos días (nadie le pide que tome la iniciativa para ofrecerlos), pero por el contrario se limita a ver la cuenta, decir cuanto debes pagar, y – sin verte la cara – te ordena que tú mismo tomes el recibo que acaba de imprimirse.
La línea de autobuses que cuenta con sus terminales privados en varios estados de Venezuela, argumenta que la factura no puede salir a nombre de una empresa, a cuenta de un seguro de los pasajeros. No vale la pena decir que otra línea si lo hace y que nada tiene que ver una cosa con la otra. No hay factura a una persona jurídica. La empresa de la competencia – equiparándose a todas las líneas aéreas de Venezuela – nunca sale a tiempo, ni siquiera luego de haber hecho ajustes a sus horarios y rutas. Así, un recorrido de dos horas se convierte en otro de tres horas y media. No hay a quien reclamar.
Un caso que expresa comparativamente nuestro problema lo vivió una amiga venezolana quien por un asunto de su tarjeta de crédito debió llamar a las oficinas de los Estados Unidos, Colombia y Venezuela. La misma franquicia. ¿Dónde la trataron mal, le contestaron grosero y le tiraron el teléfono? Adivinó: en Venezuela.
Este año, durante un vuelo internacional, un funcionario ecuatoriano me comentaba con pena “que malo es el servicio en Venezuela”, y solo había estado dos días en un hotel donde los 500 dólares de tarifa no incluía el desayuno y el check out se demoraba 40 minutos.
Día a día, en la panadería, en el Metro, en los bancos (¡ay los bancos!), en la clínica privada o el hospital público, en el ministerio, en el seguro del carro, en la tienda de ropa, el supermercado, mayoritariamente conseguimos gente que se siente demasiado importante como para atendernos bien, independiente de su procedencia, género, raza, religión. Gente que les es fácil decir “si no te gustas te vas”.
Y si ustedes creen que es demasiada especulación y exageración de mi parte, cierro con esta historia. Un amigo que ocupa una importante dirección en un ministerio, que durante toda su vida profesional ha vivido las vicisitudes de esa dependencia, un día reunió a los técnicos para hablarles de lo que se decía en la calle acerca de ellos y su forma de trabajar. ¿Cuál fue la reacción? ¿Sorpresa? ¿Pena? No, indignación porque aquel recién llegado les espetaba esas “ofensas” ¡Qué bolas marico!, seguramente dijo más de uno.
Seamos sinceros: nosotros, los venezolanos, nos creemos la tapa del frasco y por tanto el servir a los demás es un acto de caridad que por supuesto el receptor debe agradecer aunque le cueste al precio de una habitación de un hotel cinco estrellas o el pasaje de la camionetica.
Así son las cosas aquí. Y si no te gusta, te vas.

Alejandro Luy
Octubre 2011

Ilustración: Rogelio Chovet