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domingo, 29 de abril de 2012
Yo me anoto, ¿y?
Que la inseguridad es uno de los principales problemas de los venezolanos, eso lo sabemos. Que es un problema donde una minoría, bien minoritaria, tiene atrapado a una gran mayoría, también lo sabemos. Además, estamos seguros de que solucionar ese problema mejorará directa e indirectamente nuestra calidad de vida: podremos andar más tranquilos, recibir más turistas, aprovechar las ciudades durante las 24 horas sin temor, sentirnos más relajados cuando nuestros hijos están en la calle, y muchas cosas más.
Por eso, deberíamos aplaudir cualquier esfuerzo orientado a solucionar el problema. Cualquier esfuerzo no, sino cualquier esfuerzo destinado a solucionarlo. Esto viene a propósito de la campaña “Desarma la violencia. Anótate a la Paz” creada por la Comisión Presidencial para el Control de Armas, Municiones y Desarme donde vemos a artistas y deportistas quienes nos dicen “Yo me anoto” lo que para mi resulta inútil (y costosa) para atender el problema.
Anotarse por estar preocupado por el problema, es fácil. Yo me anoto. Pero de qué sirve si un tipo asesina de un balazo a un joven trabajador de Farmatodo de 26 años porque este le reclamó que estaba orinando en la calle. Acaso ese asesino no vio el llamado realizado por Elba Escobar y Mimí Lazo y por eso actuó de esa manera.
Me pregunto si decir “Yo me anoto” cambiará la actitud de los malandros armados que cada día ejercen su poder y su ley en todo el territorio nacional, especialmente en las zonas populares, donde mueren tanto gente que se resistió al atraco como aquellos que entregaron todo y de nada les sirvió, así como más de un inocente que recibe “la bala perdida”.
Si fuera suficiente decir “Yo me anoto” para solucionar los problemas, entonces yo me anotaría contra los motorizados que no respetan las señales de tránsito ni los semáforos, contra los buhoneros que bloquean las calles que deberían ser para los peatones, contra la gente que bota la basura en la calle, contra quienes llevan a todo volumen los radios de sus carros, contra los conductores de camionetas que se paran en cualquier lado para recoger pasajeros y viajan a altas velocidades. “Yo me anoto” contra los fiscales y policías matraqueros, contra quienes agreden al ciudadano en vez de prestar un servicio, contra los responsables de la gerencia del Metro de Caracas, contra los gobernantes que les importa más su partido político que el bienestar ciudadano.
Decir “Yo me anoto” sin que haya una severa aplicación de las leyes, sin detenidos, juzgados, sentenciados y presos, es sólo un bonito gesto del cual nada se puede esperar en términos de la reducción de la delincuencia.
Me parece más honesto y útil el manifiesto del Movimiento daleunparao que será entregado a la Asamblea Nacional donde el sector musical y artístico nacional hace 7 solicitudes a uno de los poderes del estado, en función de sus atribuciones:
1. Que inste a los Poderes Ejecutivo (Nacional, Regional y Municipal), Judicial y Ciudadano a que de una manera clara, eficaz y contundente enfrenten, dentro de los principios de un Estado de Derecho, la ola de criminalidad de la cual somos víctimas los ciudadanos y se tomen todas las medidas necesarias para acabar con la impunidad, siendo esta una de las principales causas del auge delictivo en Venezuela.
2. Que a través de las comisiones que considere pertinentes inicie investigaciones sobre el estado desbordado de violencia que vivimos hoy y sobre las posibles omisiones de las autoridades o funcionarios competentes en el área.
3. Que ejerza su poder contralor para garantizar a los ciudadanos que el Plan de Desarme se lleve a cabo con absoluta transparencia y sea una realidad en el más corto plazo.
4. Que inste al Poder Ejecutivo Nacional para que haga una inversión urgente en iluminación en las calles. Observamos que hay enormes zonas de las ciudades que permanecen bajo una oscuridad total, caldo de cultivo básico para la delincuencia.
5. Que inste al Poder Ejecutivo Nacional a que no compre más armas de guerra, canalizando esos recursos en acciones y planes que estén dirigidos a la lucha contra la inseguridad en nuestro país y a fomentar una educación policial que centre al ciudadano como sujeto de derechos.
6. Que exhorte a todos a fomentar un lenguaje de paz y de altura en los debates políticos, marcando la pauta de lo que puede ser el tratamiento constructivo de las diferencias.
7. Que inste al Ejecutivo Nacional a convocar a diversos sectores políticos y sociales y a gobernadores y alcaldes para elaborar un Plan Nacional por la Seguridad Ciudadana y la no violencia con metas de corto, mediano y largo plazo.
Ojalá que, ante tan específica solicitud, todos los Asambleístas digan ¡Yo me anoto!
Alejandro Luy
Nota 1: Para tu respaldo y adhesión a este manifiesto, es necesario que nos envíes tu nombre, número de cédula de identidad y ocupación al email daleunparao@gmail.com con el título (subject): Apoyo Manifiesto.
Nota: A los administrados de esta pltaforma les dio por hacer "ajustes" y ahora es imposible separar los párrafos. Por tanto quedó este artículo como un "chorizo" de oraciones sin puntos y aparte. Lo sentimos.
sábado, 31 de octubre de 2009
Ciudad bajo coacción

En esta puta ciudad todo se incendia y se va,
matan a pobres corazones,
matan a pobres corazones.
Ciudad de pobres corazones
Fito Páez
Caracas se ha vuelto una ciudad tan insensible, limitada, supeditada a fuerzas perversas e invisibles, que hasta tomarse unas cervezas con una amiga que viene una vez al año de París se convierte en algo más complicado que subir el Everest.
Una propuesta de día, fecha y hora, se combate con innumerables argumentos, tantos como interlocutores. La primero objeción fue la inseguridad: La Candelaria es muy insegura, allí asaltan a la gente incluso dentro de las tascas. ¿Acaso habrá un lugar en esta ciudad, donde hacen secuestros de edificios enteros, donde la gente viva, ande o se reúna sintiéndose segura? En una ciudad donde igual hurtan, roban y asesinan en lugares nocturnos del exclusivo Centro San Ignacio o de la Avenida Baralt, donde el metro es tan peligroso en Altamira como en El Valle, puede usted recomendarme un sitio, que donde se sienta libre del hampa.
Luego surge el tráfico, que por ser un compañero diario de todos los caraqueños, también es nuestra carta condicionante para cualquier paso al frente. Es absurdo justificar el tráfico porque es viernes 30, o porque están arreglando las calles cercanas al sitio donde vamos. ¿Acaso usted conoce un lugar de Caracas al cual pueda llegar en su carro sin que implique encontrar una fuerte tranca? ¿Usted conoce cuál es la calle, autopista, avenida que al final de cualquier día de trabajo está despejada?
Pero creo que detrás de todo está la vida en ghetto a la que nos estamos acostumbrando, y sobre la cual ha escrito en varias oportunidades Rafael Osío Cabrices en sus ensayos dominicales. Quienes viven en los Palos Grandes, en El Paraíso, La Trinidad, San Luis, La Candelaria o La Pastora, encuentran pocos motivos, estímulos (el tráfico es el más intenso desestimulante) orazones para moverse al otro lado de la ciudad.
Ojalá que todas las vicisitudes para que unos amigos de la universidad reciban a quien ahora vive lejos fueran simplificadas en una condición más íntima. Sería menos doloroso para todos si simplemente se explicara con un “nos estamos poniendo viejos “y no hemos decidido aceptarlo.
Si no es lo último, entonces Caracas es, definitivamente, es una ciudad bajo coacción, donde los ciudadanos hacemos lo que el hampa, el caos, el tráfico nos deja.
matan a pobres corazones,
matan a pobres corazones.
Ciudad de pobres corazones
Fito Páez
Caracas se ha vuelto una ciudad tan insensible, limitada, supeditada a fuerzas perversas e invisibles, que hasta tomarse unas cervezas con una amiga que viene una vez al año de París se convierte en algo más complicado que subir el Everest.
Una propuesta de día, fecha y hora, se combate con innumerables argumentos, tantos como interlocutores. La primero objeción fue la inseguridad: La Candelaria es muy insegura, allí asaltan a la gente incluso dentro de las tascas. ¿Acaso habrá un lugar en esta ciudad, donde hacen secuestros de edificios enteros, donde la gente viva, ande o se reúna sintiéndose segura? En una ciudad donde igual hurtan, roban y asesinan en lugares nocturnos del exclusivo Centro San Ignacio o de la Avenida Baralt, donde el metro es tan peligroso en Altamira como en El Valle, puede usted recomendarme un sitio, que donde se sienta libre del hampa.
Luego surge el tráfico, que por ser un compañero diario de todos los caraqueños, también es nuestra carta condicionante para cualquier paso al frente. Es absurdo justificar el tráfico porque es viernes 30, o porque están arreglando las calles cercanas al sitio donde vamos. ¿Acaso usted conoce un lugar de Caracas al cual pueda llegar en su carro sin que implique encontrar una fuerte tranca? ¿Usted conoce cuál es la calle, autopista, avenida que al final de cualquier día de trabajo está despejada?
Pero creo que detrás de todo está la vida en ghetto a la que nos estamos acostumbrando, y sobre la cual ha escrito en varias oportunidades Rafael Osío Cabrices en sus ensayos dominicales. Quienes viven en los Palos Grandes, en El Paraíso, La Trinidad, San Luis, La Candelaria o La Pastora, encuentran pocos motivos, estímulos (el tráfico es el más intenso desestimulante) orazones para moverse al otro lado de la ciudad.
Ojalá que todas las vicisitudes para que unos amigos de la universidad reciban a quien ahora vive lejos fueran simplificadas en una condición más íntima. Sería menos doloroso para todos si simplemente se explicara con un “nos estamos poniendo viejos “y no hemos decidido aceptarlo.
Si no es lo último, entonces Caracas es, definitivamente, es una ciudad bajo coacción, donde los ciudadanos hacemos lo que el hampa, el caos, el tráfico nos deja.
Alejandro Luy, oct. 2009
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